La estabilidad macroeconómica que Paraguay había cultivado durante años se resquebrajó este jueves 5 de noviembre. El presidente Santiago Peña presentó su renuncia al cargo tras el colapso de Ueno Bank, una entidad financiera digital con la que mantuvo vínculos patrimoniales hasta 2025 y que administraba cerca de 850 millones de dólares en fondos públicos. La decisión se produjo minutos antes de que la Cámara de Diputados iniciara un juicio político en su contra por presuntos conflictos de interés y negligencia institucional.

La crisis, que comenzó el martes cuando el Banco Central intervino Ueno al detectar que su índice de solvencia había caído por debajo del 50% del mínimo exigido, dejó a casi 3 millones de clientes (en un país de 6,5 millones de habitantes) sin acceso a sus ahorros. La situación provocó la renuncia del presidente del Banco Central, Carlos Carvallo, y la detención de ocho ejecutivos de la entidad.

El impacto en los mercados fue inmediato y severo. El guaraní se convirtió en la moneda de peor desempeño a nivel global frente al dólar, con una depreciación diaria del 4,68% y una caída acumulada del 8,17% en apenas cinco días, cotizando a 6.487 guaraníes por dólar, según datos de Bloomberg. Los precios de los bonos soberanos internacionales de Paraguay también sufrieron un desplome tras conocerse la noticia.

El ángulo tecnológico: la apuesta por la IA que queda en suspenso

Paraguay no era solo un caso de estabilidad financiera; el gobierno de Peña había apostado fuerte por convertir al país en un hub regional de inteligencia artificial. Apenas dos semanas antes de la crisis, el mandatario presentó en Estados Unidos el proyecto Yguazú Digital, una alianza con Taiwán para atraer inversiones en centros de datos y aprovechar la energía limpia de la represa de Itaipú. En esa gira, Peña se reunió con Teresa Carlson, directora global del sector público de Anthropic, para explorar oportunidades de cooperación tecnológica.

La crisis bancaria y la salida de Peña introducen una capa de incertidumbre regulatoria que podría enfriar el interés de los inversores tecnológicos. La alianza estratégica entre la estadounidense Crusoe y la paraguaya Araico para construir infraestructura de cómputo de IA alimentada por Itaipú, con un despliegue inicial previsto para mediados de 2027 y una capacidad de hasta 280 MW, queda ahora en un limbo político que los fondos de capital riesgo observarán con lupa.

La lectura para los inversores

El caso de Paraguay es un recordatorio brutal de que la estabilidad institucional es un activo tan valioso como cualquier recurso natural. Para los comités de dirección y los fondos con exposición a la región, el escenario presenta riesgos concretos que exigen una reevaluación inmediata:

  1. El riesgo de contraparte se materializa: La quiebra de Ueno Bank, una entidad que había crecido rápidamente de fintech de nicho a banco de tamaño medio, demuestra que la supervisión regulatoria puede ser insuficiente incluso en economías aparentemente sólidas. Las empresas que operan con contrapartes financieras locales deben extremar la debida diligencia.
  2. La prima de riesgo país se dispara: La depreciación del guaraní y la caída de los bonos soberanos anticipan un encarecimiento del costo de financiamiento para el sector corporativo paraguayo y una posible salida de capitales extranjeros. El JPMorgan ya advirtió que los acontecimientos de Ueno han «adquirido rápidamente una dimensión política» y que los riesgos para el sistema financiero dependerán de la «velocidad y transparencia» de la respuesta de las autoridades.
  3. El efecto contagio en la región: Paraguay era visto como un contrapeso de estabilidad frente a la volatilidad de Argentina y Brasil. Su crisis política puede alterar los flujos de inversión en el Cono Sur, especialmente en sectores intensivos en capital como la infraestructura energética y los centros de datos.

El verdadero desafío para el próximo gobierno, que asumirá el vicepresidente Pedro Alliana tras la ratificación del Senado, será restaurar la confianza de los mercados en un momento en que la reputación de Paraguay como «destino seguro» ha quedado gravemente dañada. La tarea no será fácil: la disciplina fiscal que atrajo inversiones durante años ahora compite con una crisis de confianza que ningún algoritmo de IA puede resolver.